como un placer imberbe,
un placer fugaz
o una risa falaz,
que será la última,
pues, a mi, sólo me diriges
espadas,
y miradas,
ninguna risa
sólo espadas y miradas
de dos en dos,
de siete en siete
y cuando yo pregunto
¿qué es lo que sientes?
me alumbran tus gritos
que niegan y afirman
me suman tus brazos
que bailan en contra
ruptura de labios
arreglo de manos
que no hieren
ni quieren
besarte la piel.
Malva, tu hígado,
me dice que quieres
beber de ese fruto
que tengo en mi poder
lascivia blanca que purifica
las almas más atormentadas.
De ruido y de sangre,
tu boca cubierta,
que intenta romper tus cadenas:
con mordiscos,
y sólo logra
romperte los dientes;
estallan también,
los narcisos profundos
que ven en su figura
el mejor solipsismo
pues tu mente no deja
romper las cadenas,
sino los dientes:
qué pena y qué rabia
que tu deseo se ahogue
en lagunas tan negras
como los mismos pantanos;
yo te prestaría
un millón de dentaduras
para que en tu boca de loto
no hubiese sangre
al querer romper la cadena
que es el buen pensante
al querer romper las cadenas
que son los bien pensantes
yo te prestaría
mil armas
para que no rompieses cadenas
para que rompieses personas
y nosotros, los mal pensantes
pudiesemos hacer, de nuevo,
el amor en las calles
y tú, tú tuvieses el hígado
del color que quisieses,
porque el color de tu sexo
ya no tendría importancia,
y sería más mío
que el propiamente mío.
Pero no
proque eso, eso no es así,
y cuando me clavas tus risas
cuando te veo y me ves,
y haces como si no hubieses mirado,
mis dientes también se rompen
y a mi no me puedo dejar nada, puesto que esto no es amor:
es egoísmo
y yo lo tengo claro,
que esto no es amor a alguien ajeno,
que esto es amor propio, a mi género,
defensa a ultranza de la libertad del sexo,
y grito en contra de los que no me aceptan
y rabio contra los que no te cuentan
y lucho contra los que nos censuran
y tú, el primero,
pero no te grito,
ni rabio en tu contra
ni lucho, tampoco lucho conta ti
porque no te lo mereces,
tú sólo te mereces,
por lo menos,
mis dientes,
rotos hace tiempo,
para que tú seas tú
y para que yo pueda ser yo.
M.A.L.
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