Cruzan los cabellos
las calles
de una chica singular,
rompen los semáforos que la veo saltar.
Grulla, su cerezo
en flor abierto;
bruja, su nombre,
nada acertada la connotación.
Cuando viramos,
ella al mando,
su distinción, absoluta,
su cuerpo, más poesía que esto,
mis entrañas sangran
pero veo en las suyas florecer respuestas,
remedios a mis pérdidas
sus ojos, ¡quién describa sus ojos!
la palabra acertada: generosos
su carácter, tal vez complicado:
femme fatale del veintiuno
mujer genial e intemporal.
A ti, particular concepción
de Yocasta en mi tiempo
a ti, yo te canto,
pues cuando lo hago
siento que nada se pierde
y cuando te miro, a la cabeza en este Madrid nuestro
sigo sintiendo en el pecho
la fuerza de inmortalizarte.
M.A.L.
A esa Yocasta que eres tú, mujer increíble que me ha parido y de la cuál no puedo dejar de enamorarme en cada verso, en cada calle, en cada lectura de Lorca, siempre nuestro, porque amistad se me queda corto para definir lo nuestro, especial, esencial.
Te quiero.
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